domingo, 18 de diciembre de 2016

Andaba yo pensando en mis cosas



Estaba yo pensando en mis cosas en la calle, en esta temporada otoñal que tenemos, y un perrito de esos que se ponen encima del televisor cuando estos eran gordos, digo los televisiores y los perros de plastico, empezó a ladrar a escasos centímetros de mi tobillo fastidiandome mis pensamientos. Estos no eran del todo importantes pero algo había referente a la explicación de las teorías cuánticas, la materia oscura, y los agujeros de gusano (pura física teórica). Ya no lo recuerdo porque el maldito bicho me saco de mi estado de postración y mi memoria al ser la misma que un gorrón de río, ha impedido seguramente clarificar todas estas cosas científicas que nos cuentan  a los que se dedican a eso como locos. 
Era tal el cabreo que tenía que no sé si ir a ladrar al dueño y joderler el tímpano, o pasar del tema. Al final decidí pasar del asunto y analizar desde mi mas militante intimidad al pollo que llevaba el chucho: Chico de 30 años, seguramente con pareja, cara de atontao, barba de las que se llevan, o sea, de esta gente moderna, que cambian los chuchos por hijos porque eso de que un niño llore les es molesto (y luego todo el día el chucho ladrando en casa) y digo yo, si quieres sustituir tener hijos por una animal coge una tortuga que estas si que no molestan "tonto el culo", pinta de rojo pero que luego votará a CIUDADANOS seguro y con mas derechos que obligaciones. Ya con esto me quede satisfecho ante el sofoco que el animal, sin culpa alguna el pobrecito,  me causó. Menos mal que no pisé un excremento de los que pueblan nuestras calles o plazas porque entonces Puerto Hurraco sería un cuento para niños, pero así, sin mal rollo. 

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