domingo, 14 de febrero de 2016

FOSTERIANOS (Y 2)



Llego el resto de la comida después de más de dos minutos esperando por el cambio de turno y las costillas o el costillar para ser académico, estaba bueno pero un poco tieso ya que nos sabía distinguir la carne del hueso y me jugaba en esta operación tal delicada algún que otro molar pasado por chapa y pintura por la dejadez juvenil a lavarse cualquier cosa hasta que mi madre me decía que teníamos boda, bautizo o comunión y “no vas a ir oliendo a choto charoles a algo socialmente tan importante para nuestra familia” decía mamá, pero mamá comentaba yo, si son vecinos y Manolin es tan guarro como yo, colleja y se termino con la tontería democrática esta de discutirlo todo. Mi madre era muy efectiva en todo eso, más que un antidisturbio. Tardaba tanto entre baño y baño que en vez de colonia mi madre me ponía Zotal (búsquenlo en google). Cuanto hubiera dado yo por tener un collar antiparasitario que llevan los canes y no padecer los efectos secundarios del brebaje ese teutón, que  parecía yo un salmón con tantas escamas.. eso sí exfoliado, exfoliado hasta el hueso.  
Bien  pues terminamos, nos dieron un caramelito de rigor, pagamos, mi hijo solo se tomo una coca-cola porque allí no pasaba ni en tato para pedir otra. Menos mal que Anastasia se fue a torturar a los otros que si no la lio, ya me conocen.
Si me hubieran pesado antes del cenar y luego después seguramente hubiera adelgazado por el estado de nervios que sufrí. Es noche perdí dinero y algún gramo de colesterol porque la grasa del cerdo no llegó a mi torrente sanguíneo.
  
Otro día les cuento la peli.


(Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, pero en mi mente todo esto estaba, se lo prometo). 

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