viernes, 19 de octubre de 2012

QUE BIEN LO PASAMOS AQUELLA NOCHE


Qué bien lo pasamos aquella noche, noche de primavera en versión otoñal, a pesar de mis preguntas internas en perfecta duda existencial encaminadas a las teorías del espacio-tiempo como modelo tipo que nos hacemos cuando no encajamos en un lugar determinado a una hora también determinada. Hay que dejarse llevar por los acontecimientos, me dije, no por gana sino por la necesidad de no gastar una sola neurona y por sentir de alguna manera el sabor de la aventura nocturna sin riesgo a perder la vida, solo un poco la dignidad. Para todo eso hay que adaptarse a las nuevas modas y modos que hemos sabido copiar como clones toda la manada que actúa de forma coreografiada pensando que somos únicos e irrepetibles dándonos ese halo de misterio que se asemeja bastante a las plantas carnívoras cuando los insectos como victimas caen en esa pasta pegajosa de su boca que hace imposible escapar a una muerte lenta y por agotamiento. No hace falta hablar, solo gesticular porque el ambiente es tan hostil para nuestros sentidos que unas miraditas ensayadas o unos gestos copiados de un guapo cinematográfico serán suficientes para atraer, no sin cierta desgana, a la persona que hemos elegido porque el destino nos la ha puesto ahí. Para que queremos hablar o comunicarnos con los extraterrestres que ocupan la tierra  si yo tengo mucha vida interior que me enriqueces aunque haya perdido la capacidad de utilizar el lenguaje con personas que veo y que se asemejan a mí. Total  tengo la suerte que deseaba; una mirada perdida es captada por una mujer sin mover un dedo. No hay duda, tengo cobertura y ahora mismo estoy otra vez “en servicio” gracias a la conexión que acabo de establecer de forma gratuita con mi otro yo femenino que se encuentra en esa especie de jungla humana que ocupa de manera violenta la noche. Fijo mi objetivo y titubeante me dirijo a la posición  con la valentía que me han dado las tres copas como si fuera un último soldado en quedar en esta colina humeante llena de cámaras muertos en acto de servicio. Esos segundos que separan en éxito del fracaso murmuro en esa vida interior tan intensa que tengo la manera de decir algo inteligente o por lo menos que lo parezca a la vez que también me ocupo de los planes de retirada o rendición ante el posible fracaso,  del que  quiero salir sin un rasguño emocional porque si es de otra manera la herida egocéntrica tardara en cerrar y la convalecencia será larga y costosa no sin un largo tiempo de rehabilitación que me dejará fuera  de juego emocional durante semanas que  yo sentiré como siglos. ¿Qué hacer? Es  la gran duda me surge en el momento más decisivo de esta relación efímera que el futuro me depara entrándome un temblor de piernas de últisima hora que me hace incluso cojear quedando como un perfecto idiota ante un público, mi público, uno, indivisible, individual, íntimo, faltándome un grado más de  valentía que me hubiera aportado otra copa que por culpa de la logística o de la estrategia no he sabido calcular a pesar de mi intensa vida interior. Decido irme, abortar, escapar, ¡esto es demasiado! para mí falta de preparación,  no quiero gastar absolutamente nada de energía puesto que yo soy demasiado importante como para dar esos pasos emocionales que me responsabilicen de tener que mantener conversaciones  algo inteligentes o tener que preocuparme por los sentimientos extraños de mi yo femenino con el desgaste que eso conlleva para mí persona. Me vuelvo a casa, a mi fortín, donde ahora sí, yo soy el rey en un país sin súbditos, donde dialogo conmigo mismo, donde no existe la palabra  fracaso y donde sigo enriqueciendo mi persona a base de pensamientos experimentales en situaciones inexistentes hasta que llegue mi momento donde mi yo interior salga al exterior como una cascada para refrescar con mi yo personal a los otros aunque ahora que lo pienso lo mismo es demasiado tarde y ya no quede nadie a mi alrededor siendo esto un  erial  tan inmenso que mi tristeza me haga volver a mi interior a preguntarme qué ha sucedido. 

DIENEKHA

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