domingo, 19 de agosto de 2012

DIEZ DIAS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO


Leer el libro DIEZ DIAS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO para un prosoviético como yo es lo mismo que para un católico leer el NUEVO TESTAMENTO, no es solo por los datos históricos interesantísimos que en él se dan, sino por lo pasos revolucionarios que hay que dar para que la clase trabajadora se haga con el poder y las etapas que hay que ir dejando atrás y sin remilgos, a la hora de moverse en un ambiente hostil  que en la Rusia post zarista se dió.
Es un libro, que ya había leído y casi ya no recordaba debido a mi maldita memoria,   que con los años ha ganado actualidad y ha ganado empaque como lo puede ser un gran vino RIBERA DEL DUERO cuando se le da la vitola de gran reserva. Si algo me ha quedado claro de los procesos revolucionarios es la posición y la lucha de la burguesía a no perder sus privilegios de la mano de “partidos socialistas y obreros” que cayeron bajo su órbita adoptando por estos el mismo discurso y los mismos intereses que la citada burguesía. Ni que decir de todo esto es las grandes mentiras utilizadas en sus medios de comunicación de entonces para arrojar sobre los bolcheviques todos los males y todas las atrocidades posibles. A tanto llegó la mentira que en uno de esos periódicos de la época se acusaba a los bolcheviques de ir acompañados de oficiales alemanes  (en guerra con Rusia y por lo tanto enemigos) en la toma del PALACIO DE INVIERNO. Todo esto sobre los medios y la burguesía ¿no les suena a ustedes de algo? A mí sí desde luego ya que parece una historia de las actuales que se escribieron en 1917 como un gran viaje al futuro realizado por JOHN REED, su escritor.
El libro ha pasado en mis manos fugazmente por la intensidad de la narración que se traslada al lector, en ese contexto frenético en el que se desarrolla. No tenemos que olvidar que el autor también utiliza sus grandes dotes literarias para describir paisajes donde los protagonistas se mueven imprevisiblemente., lo que  yo llamaría un MATRIX NARRATIVO, y que nos sitúa exactamente ahí, en el SMOLNY, sede del SOVIET DE PETROGRADO rodeado de obreros, soldados y campesinos famélicos con ojos llenos de esperanza y abatimiento ante lo que se les avecinaba.
Saben que me gusta poner reseñas sobre el libro que me hayan llamado la atención pero en este caso ha sido difícil ya que les hubiera transcrito todo el libro de lo bueno que me ha resultado. Pero aún así, he realizado un esfuerzo y he entresacado relatos interesantes:
“Creían que Rusia debía recorrer las mismas etapas políticas que Europa occidental, para llegar, al fin, y al mismo tiempo, al paraíso socialista. Así mismo, estaban de acuerdo con las clases poseedoras en hacer primero de Rusia un estado parlamentario, aunque un poco más perfeccionado que las democracias occidentales, y, en consecuencia, insistían en la participación de las clases poseedoras en el gobierno. De ahí a practicar una política de colaboración no había más que un paso. Los socialistas «moderados» necesitaban de la burguesía, pero la burguesía no necesitaba a los socialistas «moderados». Los ministros socialistas se vieron obligados a ir cediendo, poco a poco, la totalidad de su programa, a medida que las clases poseedoras se mostraban más apremiantes.
Y finalmente, cuando los bolcheviques echaron abajo todo ese hueco edificio de compromisos, mencheviques y socialrevolucionarios se encontraron en la lucha al lado de las clases poseedoras. En todos los países del mundo, sobre poco más o menos, vemos producirse hoy el mismo fenómeno.”

“Entonces entonamos la marcha fúnebre, ese canto majestuoso, melancólico y triunfal a la vez, tan ruso, tan emocionante. La internacional era una música extranjera. La marcha fúnebre parecía ser el alma misma, de las masas enormes, cuyos delegados, reunidos en esta sala, edificaban con sus visiones imprecisas una Rusia nueva y quizás algo más.
 
Caísteis en la lucha falta,
Victimas de nuestro amor sagrado por el pueblo.
Todo lo disteis por él,
Por su vida, su honor y su libertad…
Sufristeis en las húmedas prisiones,
Condenados por verdugos implacables,
Conocisteis el exilio bajo el peso de las cadenas….
Adiós, hermanos, seguisteis un noble sendero…
Se acerca el momento en que el  pueblo despertará,
grande potente y libre…
Adiós hermanos…..”
 
Sobre unos detenidos por los bocheviques “abrió (el comandante de la prisión) y, con un gesto  le indicó al conde Tolstoi  (prisionero de estos) que se podría marchar. Hubo algunos murmullos de protesta (por la tropa) sobre todo por parte de los guardias rojas……. (Ante las protestas de alguno de los revolucionarios el comandante les dijo) …. los prisioneros dijo, recibirán la misma alimentación que los guardianes, cuando apenas si había lo suficiente para no morirse de hambre. ¿Por qué se trata tan bien a los contrarrevolucionarios? –Nosotros somos revolucionarios, camaradas, no bandidos – repuso el comandante. “

“La ciudad permanecía tranquila. Ni una sola persona asaltada, ni un robo, ni siquiera una camorra entre beodos. Patrullas armadas recorrían las calles silenciosas durante la noche; en las plazuelas, los soldados y las guardias rojas, sentados en cuclillas alrededor de pequeñas hogueras, reían y cantaban. Durante el día, multitudes de gentes se agrupaban en las aceras para escuchar interminables y acaloradas discusiones entre estudiantes, soldados hombres de negocios y obreros.”

John Reed se acerco al 6º batallón de reserva de zapadores y los soldados le preguntaban cosa sobre los Estados Unidos “¿Era cierto que las gentes de la libertad vendían su voto? Entonces ¿Cómo conseguían lo que querían?........ ¿Era verdad que en un país libre un pequeño grupo de gentes podía controlar toda una ciudad y explotarla en beneficio propio?¿Por qué el pueblo toleraban esto? En Rusia, incluso bajo el Zar, eran imposibles semejantes cosas….”
Y para terminar lo literario de John Reed “El 18 de noviembre la nieve comenzó a caer. Cuando nos despertamos vimos que una capa blanca recubría los alféizares de las ventanas, y los copos de nieve caían en remolinos tan espesos, que no se veía a tres metros. El lodo había desaparecido; en un abrir y cerrar de ojos la ciudad antes triste y sombría adquirió una blancura deslumbrante. Los viejos coches, con sus cocheros bien arropados se habían convertido en rápidos trineos que saltaban sobre las esperezas de las calles, mientras las barbas de los conductores se endurecían congeladas por el hielo…. A pesar de la revolución, a pesar el salto vertiginoso y terrible en el vacio que había dado toda Rusia, la alegría se adueñó de la ciudad con la llegada de la nieve. Todo el mundo sonreía; las gentes salían a las calles y tendían las manos para atrapar los copos de nieve, suaves como el plumón. El tono gris había desaparecido y solamente el oro y los colores vivos de las espiras resaltaban sobre la blancura de la nieve, lo que realzaba más todavía su esplendor oriental. “
DIEZ DÍAS QUE ESTREMECIERON AL MUNDO es de JOHN REED y la versión que tengo en mi poder pertenece a la editorial ORBIS de la colección BIBLIOTECA DE LA HISTORIA  editado en el año 1985.  

2 comentarios:

  1. Realmente es un gran libro ya que explica toda la revolución rusa desde un punto interno,y de una forma bastante clara, aunque (por lo menos en mi edición) es totalmente imprescindible leer el prólogo ya que te explica todas y cada una de las posiciones politicas y de los partidos.¡Muy recomendable!

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    1. En mi edición también viene así. Resumiendo el asunto, el que quiera analizar la UNIÓN SOVIÉTICA debe de leer esta libro, a no se que quiera manipular como ocurre con el libro que estoy leyendo actualmente llamado LA EUROPA DE LENIN.

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