domingo, 24 de junio de 2012

DIALOGOS POLICIALES




A los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado o la policía cervecera de la Comunidad de Madrid (cervecera porque a la bandera se la conoce como tal debido al parecido con las estrellas de Mahou) con el sobrenombre de BESCAM, los detesto. Me da igual que vayan vestidos de verde, azul o de color payaso, los huyo todo lo posible ya que donde hay un policía puede surgir un problema y lo sé precisamente porque como ciudadano he vivido unos pocos y todos surrealistas o kafquianos . Digo esto fundamentalmente porque la policía de este país no está para defender al ciudadano, o hacer valer sus derechos antes las arbitrariedades de quien sea, incluida la propia administración, esta entrenada muy especialmente para joder al ciudadano normal o al obrero o al que no se pliegue a sus malos modales.

Hay miles de ejemplos, lo hemos visto con el 15-M, pero lo que el otro día lo que observe en la concentración en las oficinas centrales de BANKIA fue lamentable al ver como estos “magníficos cuerpos” apaleaban a un joven que “desobedeció” al pasar detrás de los policías antidisturbios mientras los ladrones, los verdaderos ladrones que se encontraban dentro de las oficinas, a sus espaldas, estaban tan tranquilos y encima protegidos por los centuriones del sistema. Esta es la grandeza de la democracia, de esta democracia putrefacta que se ha puesto al descubierto y que a gente como yo, no nos hemos creído nunca.

Si he llamado a este post “diálogos policiales” es fundamentalmente al escuchado por mí en una concentración del sindicato CGT en las mismísimas puertas del palacio donde se defienden a los poderosos frente al pobre y no es otro que los juzgados de Plaza de Castilla de Madrid. Pues bien mientras me marchaba escuché a dos antidisturbios muy bien parapetados y pertrechados decir cosas como esta “menudos sindicalistas que han pedido dos horas, están una y la otra se van a beber cerveza al bar” Los cierto que me sorprendieron varias cosas de este cuerpo; primero que fueran capaces de hablan en un idioma comprensible para mí y que construyeran una frase, sencilla sí, pero una frase; segundo, porque pensé, que sabrán ellos de sindicalismo si lo más cercano que han tenido al sindicalismo de verdad es cuando nos apelan sin piedad con la porra o con las pelotas de goma y tercero, y esto no me sorprende, la chulería innata que todo hombre que hace cumplir la ley lleva muy interiorizada.

Personalmente me cabrea, y lo he dicho millones de veces, que un funcionario que está para currar para que nuestros derechos no sean pisoteados, esté entrenado para fastidiarnos lo máximo posible. Si utilizo las sabiduría popular para expresarme usaría la frase “Dios mío, en qué manos estamos” Yo sé que es difícil porque a un hombre que le dan un uniforme, una placa, una porra y una pistola es imparable y si encima es español exponencialmente su mala leche crece, y si encima le das unas leyes que amparan todos sus desmanes pues apaga y vámonos. Los hemos visto actuar con saña contra los nuestros que portaban como arma de destrucción masiva sus voces y esas voces siempre, pero siempre, siempre, les hace tener heridos entre sus filas no sé si debido a que se han partido una uña con una tira de velcro al tirar para sacar la porra o que en su cerebro se atisba una luz de reflexión ante los mensajes de los manifestantes, y esto sé que es grave y preocupante.


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