domingo, 27 de mayo de 2012

DUBLINESES DE JAMES JOYCE


Seguramente alguno de ustedes, con más razón que un santo, se echará las manos a la cabeza, levantarán la voz dando improperios a la iglesia y al estado por lo que les voy  a decir,  el libro de JAMES JOYCE de DUBLINESES no me ha terminado de enamorar. Para que lo entiendan claramente, este libro me ha “sabido” a la salsa agridulce de los restaurante chinos.. Como casi siempre me sucede, me he perdido con mucha facilidad debidos a dos cuestiones fundamentales; una, son quince historias que nada tienen que ver una con la otra, creo yo, y dos; tengo un problema a la hora de  leer narrativa puesto que no tengo la continuidad necesaria para no perder el hilo.
Dublineses en algún momento de sus historias me ha parecido un libro encantador haciéndome viajar al Dublín en los años de la mugre y haciéndome que me sitúe en el momento justo de ese pasado que James Joyce quiere que me sitúe, consiguiendo con ello introducirme en esas casas insalubres, de esos barrios mal olientes y apestados de ciudadanos ociosos o con trabajos mal remunerados, de una sociedad enfermiza y pesimista que me transmite el autor. He visitado de su mano esos funerales lúgubres en presencia de la muerte perfumados con los aromas del dolor, y he visto caer por las mejillas de los familiares las lágrimas de desesperación por el finado. En contraparte de este escenario de una obra de teatro en 15 actos en sesión continua también he sentido la algarabía de los zagales corriendo por las calles de Dublín después de hacer alguna travesura sin mala intención camino de su casa según muere el día.
Pero al igual que, me imagino yo, que las calles del viejo Dublín son un laberinto, esta obra para mí también lo ha sido. Por eso me he perdido tantas veces entre las “calles” del libro en esas escenas de lugares pintados a mano con algo de precisión por el autor, y tanto protagonista sin importancia que aparecen en sus páginas con sus problemas con sus vidas cargadas de dramas personales. Seguramente sea una obra imprescindible para comprender la sociedad de aquel tiempo como si de una fotografía narrada se tratara, no lo discuto, pero la desesperación se ha apoderado de mí y al final no he terminado de leerlo entero pasando a otro tema que nada tiene que ver con la novela pero que para el que escribe era necesario conocer.
Aún así defiendo que lo lean porque si ustedes tienen paciencia le sacarán un zumo  espléndido que yo no he sabido apreciar ya que soy un gran defensor de la literatura “clásica” que encuentro a años luz de la actual.

Les “regalo” este párrafo del libro que me ha gustado: 
“Dos jóvenes bajaban la cuesta de Rutland Square. Uno de ellos acababa de dar fin a su largo monólogo. El otro, que caminaba por el borde del contén y que a veces se veía obligado a bajar un pie a la calzada por culpa de la grosería de su acompañante, mantenía su cara divertida y atenta. Era rubicundo y rollizo. Usaba una gorra de yatista echada frente arriba, y la narración que venía oyendo creaba olas expresivas que rompían constantemente sobre su cara desde las comisuras de los labios, de la nariz y de los ojos. Breves chorros de una risa sibilante salían en sucesión de su cuero convulso. Sus ojos, titilando con un contento pícaro, echaban a cada momento miradas de soslayo a la cara su compañero”
Tengo que decir para terminar que la traducción del cubano Guillermo Cabrera Infante ha contribuido enormemente a que no me complaciera en exceso esta obra ya que muchos de los giros latinoamericanos en el lenguaje no me terminan de atraer.

DUBLINESES es de JAMES JOYCE y esta edición es del año 1995, realizada para  RBA EDITORES.

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