Tengo la impresión que con esta reforma laboral hay
una “tristeza social” que nos ha calado hasta
los huesos tanto o más que una lluvia fina. Todo el mundo anda con la cabeza
baja, digo yo que si esperando la pedrea de la lotería del despido; de
mandarnos a la calle, con una mano delante y otra detrás. Veo tristeza, apatía,
pesar, veo a seres humanos como
fantasmas con las cadenas olvidadas para no molestar. Si uno lee sobre la peste
que asoló Europa tendrá la sensación de estar viviendo esa época pero sin
muertos o mejor dicho, con muertos en vida, deambulando en busca de un empleo
que le mantendrá en una miseria asistida por 600 euros y que nos permitirá
seguir pasando hambre (que ganas tengo de que llegue el verano para solo pasar
hambre) hasta que nos llegue la muerte trabajando o buscando ese empleo que ha
dejado de existir y que siempre nos lo publicitan en el país de las
“oportunidades” en forma de migajas que caen de la mesa del poderoso. Pues yo
tengo ganas de pelea, de enseñar mis fuerzas, de decir hasta aquí he llegado y
que no me vais a tomar el pelo, de aguantar porrazos y detenciones, de juicios
sumarísimos de la mano de los defensores del sistema que visten de toga y que
se asemejan a Dios. Porque prefiero que me aporreen a mí que a mis pobres hijos
lo cuales tendrán que vivir en un país idéntico a un estercolero de la mano de
los patriotas/delincuentes y gente que se dice de bien. Mí modelo de lucha es
el Griego como base y como ejemplo, para arañar un futuro que cada vez está más
alejado de nosotros los mortales;ya se
terminó el tiempo del diálogo con el que nos han tenido atontados durante
demasiados años en esta obra de teatro que nunca termina y que los actores
principales siempre son los mismos.
Hay que resistir, de ocupar, de objetar, de empujar.
Hallegado la hora de decir ¡basta! Es
nuestra hora, la hora de las mujeres y hombre libres.
Debemos salir a las calles, hacer mucho ruido con caravanas de motos y autos, que nos escuchen porque somos el pueblo!
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