Hace
algún tiempo ya, visite el Valle de los Caídos en plan turista. Ese día no
había mucha gente, solo una mujer con peineta en riguroso luto militarizado
caminaba con su bastón en dirección al cabecero del crucero de la basílica y
otra mucha gente anónima medio temerosa de ser descubierta en semejante lugar.
Los operarios habituales de Patrimonio Nacional se afanaban por tener todo
ordenado y limpio, como todos los días que la ocupación del templo lo permitía.
Yo inicié mi recorrido entre la imponerte puerta metálica que “protege de los
malos espíritus e ideologías extranjeras “este sacro-santo lugar. Caminando
entre ángeles custodios que te hacen sentirte temeroso de Dios y una
representación pétrea de la Virgen de África me aproximé a la última bancada pero
he aquí mi mala suerte que me escurrí ya que el pavimento pulido durante
décadas estaba completamente húmedo y no percibí que típico cartel amarillo con
el pictograma de “precaución” El golpe retumbó como un eco interminable en las
frías paredes del lugar y sobrecogió a los pocos “transeúntes” que allí se
encontraban.
Un dolor seco me hizo ver las estrellas y
entre en una especie de sueño ante el desmallo producido por la sacudida que
recibió mi cráneo en una zona algo
peligrosa empecé como a ver un documental de NODO sin quererlo. Era yo el
protagonista y me hallaba en medio de mucha gente de uniforme, yo lucía como un general una boina de color
rojo, una camisa azul, unos pantalones bombachos y sobre uno de mis bolsillos
tenia bordada dos flechas plateadas de jefe de centuria, a la que yo
supuestamente dirigía con esmero legionario. Hoy era San José Obrero y estábamos en un escenario
magistral en una fecha mítica del calendario nacional-sindicalista; era Uno de
Mayo en el lugar el enorme del Estadio
Santiago Bernabéu. Sudaba porque no tenía ni idea de la educación paramilitar
que aquellos chicos habían recibido en los diversos campamentos del Frente de
Juventudes, encontrándome en medio de una selva sin saber quehacer ni dónde
meterme.
En ese preciso momento volví en mí. Se
hizo la luz al final del túnel no sé si producto de mi “castigo” o de los
abanicazos que me endosaba la viuda enlutada condecorada con una especie de
galleta con los colores patrios y en el centro una chapita esmaltada del yugo y
las flechas típicas de haber, tal vez, pertenecido a la Sección Femenina de
Pilar Primo de Rivera.
Me puse en píe no sin cierto mareo pero con una dignidad a prueba de bombas, di
las gracias amablemente a la viuda sin perder de vista a su “condecoración”, a
los visitantes y trabajadores que se preocuparon de mi estado de salud, quizás
alguno de ellos no querían perder a uno de los suyos.
Mi primigenia idea a la hora de visitar
el mausoleo era ver la grandiosa obra que hicieron mis compatriotas presos republicanos,
por lo tanto una visita crítica, pero seguramente me sentí abducido por algo o
por alguien castigándome y trasladándome a épocas gloriosas e imperiales para
entender en el contexto adecuado muchas de las cosas que tenía intención de
ver. A pesar que este paréntesis en mi existencia pudiera sensibilizarme y
conducirme a cierta nostalgia, note inmediatamente que mi corazón seguía latiendo a la izquierda
y que las preguntas, siempre las mismas, sobre, ¿Cómo pude ser que todavía
ensalcemos a un tirano y a un genocida manteniéndole su mausoleo?¿Hasta cuándo
tendremos que soportar que la iglesia monte guardia solemne a una persona que
despreciaba la vida de los que no pensaban como él?¿Hasta cuándo permitiremos
que los asesinados por Franco descansen con su verdugo?, las cuales se repetían
una y otra vez en mi cabeza todavía aturdida de mi envestida al lugar donde los
fieles reciben la palabra de Dios.
NOTA:
Todoparecidoconlarealidadespuracoincidencia.Todoslospersonajequeaquiaparecensonficticiosasicomolassituacionesaquiexpuestas.

Esta usted como una cabra pero me gusta como escribe.
ResponderSuprimirEs esa locura crativa que todo ser humano de una manera o de otra, porta, pero que a mi me sale de forma espontanea y alguna que otra vez peligrosa.
ResponderSuprimirGracias por su comentario que me llena el ego.