Me gusta que el gobierno esté en
funciones la verdad. Me recuerda al final de mis vacaciones en la niñez allá
por el mes de septiembre de mil novecientos y tantos de tantos. Es una
sensación de confort, de quitarme un pesado abrigo en el mes de enero, de
despedir a un plasta que me come la cabeza o de quitarme ese calcetín que me
oprime los subyugados dedos de mis pies.-
Para un demócrata de verdad, no
de estos que vemos todos los días en televisión y que nos dan clases a nosotros
y al resto del mundo sobre democrácia, el gobierno siempre debería de estar en
funciones y a disposición del populacho para mandarlo al paro siempre que
soberanamente nosotros quisiéramos. Nos hablaban de los planes quinquenales de
los soviéticos como algo malo, antidemocrático y peligroso para los propietarios
de los medios de producción, pero ahora tenemos los planes cuatrienales de
chorizos, caraduras y correveidiles que como fauna carroñera están detrás de
los fondos públicos.
La dejadez de funciones de un
gobierno en funciones nos ha traído la paz, el descanso de no ver cada día los
ataques a la clase obrera, la libertad, el cese de los mercados y la prima del
maldito riesgo (prefiero a mi prima de
Burgos con sus morcillas, que aquella) y la desaparición de la tele de todos
esos caretos teatreros que se meten en nuestra casa.-
O todo esto será la calma chicha antes de la tempestad.-
Un gobierno en funciones para
una ciudadanía siempre en funciones, así todo funciona funcionalmente y sin disfunciones de ningún
tipo. -
Qué relajado estoy hoy.

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