jueves, 22 de septiembre de 2011

EL TORO DE LA VEGA



Incrustado en nuestro acerbo cultural se encuentra el mundo del toro y todas las salvajadas a las que sometemos a este pobre animal sin derecho a tener una muerte digna. Las corridas de toros son una barbaridad legalizada lo que hace que sea más triste ya que se legisla la tortura animal diciendo como y de qué manera hay que torturarle hasta que muera desangrado en una agonía interminable.
Los defensores de este negocio dicen que el toro, un animal carente de cerebro y sistema nervioso (¡!), no sufre, pero hay que ser muy tonto, pero tonto rematadamente tonto, para pensar eso ya que las terminaciones nerviosas digo yo, estarán para algo, y recibirán estímulos como las nuestras, que para eso las tienen, y lo mismo que sienten el calor o sienten que un bárbaro le pinche con una punta de cinco centímetros o una espada diseñada para rajarle el corazón en dos cachos.
Pero no importa el populacho que sabe mucho de esto, antepone las tradiciones populares, todas ellas buenas tradiciones, a que un animal sufra lo indecible para pasarnos unas risas empapadas en alcohol y defender nuestra esencia patria de los ataques del rojerío que no entiende de estas cosas y solo quieren tocar los cojones con todo lo español. Yo que me encuentro entre este apartado a extinguir, detesto ser español (por estas y otras millones de cosas más) si ser español conlleva toda las fiestas casposas alrededor del toro puesto que lo español muchas veces, son esencias sorprendentes y nos han llevado a la persecución política a los que pensamos diferente.
Entre las burradas a este bello y noble animal, tenemos al TORO DE LA VEGA, donde el sadismo alcanza cotas enfermizas y que un estudioso de la psiquiatría estaría encantado de hurgar en estos cerebros carentes de sensibilidad. Cuando he visto las fotografías aportadas por el diario Público se ve claramente, pero de una manera exacta, como en la cara del toro se refleja la candidez de felicidad corroborando la filosófica afirmación de que este animal no sufre y que las lanzas, navajazos, tirones y carreras solo producen placer y un estado de éxtasis equiparable al coito. Pues nada démonos todos a cortarnos las orejas y a pincharnos con agujas de punto por todo el cuerpo, por lo menos así muchos dirán que han pasado una buena noche de sexo.

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