jueves, 26 de mayo de 2011

MIS CONVERSACIONES ELECTORALES CON MANOLO

En la fiesta democrática que suponen el día de las elecciones, aunque estas se jueguen con las cartas marcadas, hay tiempo para casi todo; discutir, ver viejos conocidos, poner en prácticas todos tus conocimientos legales para poner entre la espada y la pared al adversario político y como no, conversaciones electoralmente jocosas con el formidable Manolo, el cual y para el conocimiento del populacho, es un peazo político, persona y ser humano que raya la excepción, como no podría ser de otra manera para todo aquel que milita o en el PCE o en IU de Brunete.
Y está fue, e iniciada por mí parte, (para animar el cotarro entre miradas de incredulidad del bueno de Manolo y alguna que otra carcajada), dicha conversación:
“Manolo (esto rodeándole con mi brazo su cuello) que necesidad tenemos tu y yo ser de izquierdas pudiendo ser de derechas. Todo son ventajas, encefalograma plano por lo tanto no nos tenemos que rebanar la cabeza de cómo solucionar los problemas desde la izquierda ya que todo no lo dan masticado y esa parte que dejamos de utilizar de nuestro cerebro, y que machacamos para esa función, la dejamos íntegra para el ocio o la reservamos sin usar para cualquier otra chorrada. A eso nuestras enfermedades, que entre tú y yo tenemos un catálogo tan completísimo que puede ser utilizado por la facultad de medicina, se verían mejoradas porque esa mala leche que se nos acumula porque los obreros les exploten o porque a tal parte de los ciudadanos les manguen sus derechos, pasaría a formar parte del olvido; ¡si les explotan algo habrán hecho! vamos digo yo. Por otra parte ¿para qué necesitamos nosotros una sanidad o una educación pública? Para nada ya que nosotros una vez descontados los impuestos y restadas las plusvalías sacadas de nuestro costillar, perfectamente podemos pagarlas. O ¿Qué necesidad tenemos nosotros de releer a Don Carlos Marx para que nos hierva la sangre y haga que nuestros leucocitos confronten con otras sustancias de la sangre que seguramente se sitúen a la derecha, volviendo loco a nuestro currado organismo? Pues también ninguna Manolo. Hagamos ese viaje fascinante a la derecha donde no hay que pensar ni plantearse nada de nada, puesto que con tu carnet con su gaviota y todo, te vendrá un manual de buen pepero donde las preguntas existencialistas estén más qué mascadas y trituradas para nuestro cortex (que no sé yo esa parte del cerebro tiene algo que ver con todo lo que les cuento, pero quedaba tan bien y tan culta esta referencia) que una vinagreta. Ya lo viste el día electoral, todos bien vestidos, camisa blanca, gomina impoluta, cartelito azul celeste colgado al cuello y por supuesto, los castellanos para los pinreles, todo monocorde y monocolor.
Y lo mejor de todo para el final, ¿Tú has visto que señoras gasta la derecha? Impresionantemente guapas con un rubio “Esperanza Aguirre” ¡deslumbrantes!
Manolo, no le demos vas vueltas hagamos el viaje de una vez que tu salud y la mía no sufrirán tanto. Viviremos mejor ya lo verás.”

Pues esto es lo que dio de sí mis reflexiones con Manolo, pero les advierto que todo parecido con la seriedad es pura coincidencia, pero ocurrió, tal y como lo han leído, para deshora mía. Se lo tenía que contar para desahogarme un poquito.

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