martes, 18 de enero de 2011

AUGUSTO ALGUERÓ

Nada, que se nos van marchando poco a poco a los dignos representantes de la cultura, la música y la farándula de aquellos maravillosos años de la década de los sesenta y setenta acercándonos más si cabe a nosotros en la lista de espera (estas van más rápidas que las de la sanidad madrileña), dejándonos huérfanos a todos lo que antes éramos niños/jóvenes y que no nos hartábamos de escucharles, verlos por la UHF o las revistas del corazón (donde por cierto la Belén Esteban ni aparecía, porque no existía, y por lo tanto había mayor calidad de las mismas) que nuestras madres dejaban en la mesa camilla del salón.
El otro día al oír la muerte de AUGUSTO ALGUERO mi cerebro en permanente ebullición empezó a recordar aquellos años donde estaba este hombre en la cresta de la ola, y lo hacía con nostalgia ya que tal y como están las cosas, aquel dicho de “cualquier tiempo pasado fue peor” está empezando a perder su vigencia. Quien no recuerda cuando el ardor patriótico se media por el número de leches que daba El Morrosko de Cestona a su contrincante en los campeonatos del mundo o de Europa, que ya no recuerdo, que yo desde mi niñez empujaba a que no parara de golpearle al franchute de turno. Era cuestión de estado todo esto ya que el único entretenimiento que teníamos por aquel entonces eran estas cosas. Pues con el bueno de Augusto Algueró pasaba algo parecido ya que no había festival de Eurovisión, Villa del Mar, San Remo o de la OTI (que debe de ser como la OTAN pero más pequeña) donde el cantante o a la cantante de turno no estuviera acompañado por la maravillosa dirección de Augusto. Sabiendo que estaba él, era sinónimo de calidad y de albergar alguna esperanza de ganar, también al franchute vuelcafresas , a pesar de que sabíamos de antemano que el sistema democrático instaurado para las votaciones estaba amañado y todos los países estaban en contra nuestra por la envidia que le causaba nuestro alto nivel de desarrollo y de derechos que Franco (sí, otra vez, que pasa) nos aseguraba después de terminar con todo el rojerío bolchevique que nos amenazaba. Estos agentes de Moscú eran lo que hacía que perdiéramos todas las votaciones, fueran secretas o no, que tanto chirriaban en las ruedas de los que ganaron la guerra.
Augusto Algueró fue un adelantado de su tiempo, antes de que esto se generalizara él lo hacía de todo en el mundo de la música, compositor, arreglista y director de orquesta, a semejanza de los nuevos trabajadores de hoy en día que con un contrato de peón dirigen líneas de producción en las fábricas y después pasan la mopa. Las clínicas de estética han visto posibilidad de negocio y ya tienen pensando en trasplantar de donante anónimos, generalmente de la CEOE, dos brazos con sus respectivas manos en cuerpos vivos de operarios para aumentar la producción, pero sin aumento de salario.
Se nos va un símbolo de la música y bien lo saben desde Carmen Sevilla pasando por Serrat, Nino Bravo, Concha Velasco, Jaime Morey, Conchita Bautista y Marisol, y se nos van las melodías pasadas por su tamiz de compositor que nos hacían sentir muy bien en esa España gris y de plomo en la que nos aburríamos como ostras con reuma.
Seguramente si hubiera podido también habría arreglado la marcha fúnebre de su entierro dándole ese sabor festivalero que tan bien hacía.
Hasta siempre Augusto, seguramente te estarán esperando en donde quiera que vayas para alegrarles la existencia.

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