domingo, 19 de diciembre de 2010

CENAS DE NAVIDAD EN LA EMPRESA



Desconocía completamente que la Coca Cola Light pudiera producir el estado resacoso en el que me tiene postrado y que las reflexiones que hoy escribo rechinen en mi cerebro todavía sin usar provocándome esta sensación de malestar general meditabunda de inactividad militante. Me salgo de mi plato de acelgas rehogadas sin sal, para no molestar a mis venas y arterias, y lo pago de una manera horrorosa que mi estomago en ebullición. Si algo me gusta de estas fechas es que me salto todas mis prohibiciones culinarias impuestas por el galeno que me asigna la Comunidad de Madrid para luego estar deseando volver a ellas cuanto antes asqueado de tanto centollo, langostino y sopa de marisco. Son tiempos de excesos de todo tipo que nos imponen el devenir del progreso del mercado chupándonos la sangre de nuestros paupérrimos ingresos y robándonos del bolsillo la calderilla que acumulamos durante todo el año de duro trabajo (el que lo tenga). Pero hay que ver lo positivo de la cuestión ya las cenas de navidad es una manera de justificar la borrachera de turno y olvidarte del agujero que nos lleva este gobierno de izquierdas con políticas de derechas. Algunos deben de estar tan afectados de lo que se avecina que salen de los “garitos” a rastras sabiendo de esta manera que durante una horas haberse dado a la bebida le va a servir para olvidar a tanto oligarca o político simpático pero ladrón que habita cercano al entrono natural donde las hienas crían a sus cachorros. Esa noche todo lo olvidamos, reímos con los amigos despellejando al que no está (que hubiera ido) y los abrazos muchos de ellos falsos aunque parezcan solidarios y fraternales, nos hará tener en un calorcito interior enterrado todos los errores cometidos con ellos temporalmente ya que en enero todos ellos volverán a aflorar en el fragor de la batalla. Cenas de navidad que antes pagaban las empresas y que hoy por eso de los porcentajes de beneficios no sueltan la gallina y nos toca, como siempre, pagar los platos rotos de tanto egoísmo amparado por las leyes democráticas. Menos mal que tenemos el alcohol, el nos comprende y nos acoge en sus brazos acuosos dándonos lo que nosotros en cada momento necesitamos, sin el estas fiestas no serían lo mismo al igual que la botella de “anís del mono” con los villancicos y el dulce ronroneo que provoca con la cucharilla al acariciar su lomo de manera rítmica. Quien quiere hablar de crisis en diciembre, nadie, porque si lo hacemos el consumo lo dejamos bajo mínimos perjudicando más a nuestros congéneres que viven del comercio volviendo a las listas del paro donde no tenían que haber salido. Hay quién comparativamente defenderá esto ya que en Mozambique están mucho peor que nosotros, pero no se lo tengan en cuenta solo es producto de los Johnny Walker de garrafón que han imbuido como si fueran propietarios de un gran capital que ellos se creen y que están en manos de los de siempre.
Disfruten de las cenas de navidad dentro de nada volverán las oscuras golondrinas de la realidad donde nos pondrán a cada uno en nuestro sitio.

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