domingo, 31 de octubre de 2010

TRABAJADORES, MARCELINO CAMACHO HA MUERTO


Marcelino, forjador del acero de las conciencias resignadas y manos inquietas, en cualquier lugar, de cualquier fábrica, de cualquier actividad. Tú nos imprimiste el carácter que lleva el orgullo de ser obreros, nos enseñaste que todos somos iguales, que todos debemos ser iguales y que tenemos que tener los mismos derechos. Con la boca abierta te escuchábamos en el idioma de nuestra patria, la de los obreros, donde no existían las fronteras, ni los idiomas, ni los colores de la piel. Sufríamos un terremoto en cada frase tuya, nos sacudías en nuestro interior, nos zarandeabas el alma cada vez que nos llamabas por el nombre de todos nosotros. Nos hacías llorar, no de impotencia, sino de esperanza, de esa esperanza que parece que está aquí al lado pero que nos la separan cada día que pasa un poco más. Marcelino, espero volverte a verte en mi fábrica, otra vez, todas las veces, no tardes mucho.
        (Prosa poética, el obrero metalúrgico, 1963)


Marcelino Camacho ha muerto en el peor momento que uno se puede morir ya que ahora mismo vivimos uno de los más horrorosos ataques que estamos sufriendo la clase trabajadora desde que el genocida laureado nos dejo para siempre. Es precisamente ahora cuando más necesitamos sus enseñanzas y su ejemplo de lucha y dignidad, que tanta falta hace en esta sociedad corrupta, descabezada y sin rumbo claro.
Marcelino nos ha dejado y ahora a todos aquellos que le han combatido y a los que él ha combatido, y que han mantenido un sistema atroz, le lloran y van a ver su cadáver en la sede de CCOO. Por ella pasan representantes de la monarquía, la oposición y del actual gobierno, dignos representantes del capitalismo contra el que luchó. Que quede claro que Marcelino no es de ellos, es nuestro, él es el príncipe de los trabajadores y por lo tanto nos pertenece a nosotros solos y nosotros los lloraremos y lo enterramos a nuestra manera, no necesitamos discursos grandilocuentes de todas las instituciones de estado, el era mucho más sencillo que todo eso, y solo con un saludo de un obrero metalúrgico o de cualquier parte, él se hubiera sentido satisfecho o el abrazo del camarada que él sentía en su alma o el saludo del hermano por el que luchaba y no el de los monarcas o políticos con los bolsillos llenos del dinero robado de nuestro sudor.
Tuve la ocasión de saludarle en el 7º Congreso Confederal de CCOO donde yo estaba en esos momentos como servicio técnico al Congreso y recuerdo de él, en el breve tiempo que trascurrió, su mirada sencilla de una persona cercana y buena. Tuve la sensación de habernos conocido antes, de haber compartido luchas en distintos tiempos pero con los mismos eslóganes de siempre, porque a fin de cuentas son las mismas al igual que la misma explotación. Él era así, un hombre del pueblo, un trabajador que le toco tirar del carro de los derechos laborales perdiendo su intimidad y su vida, un buen ejemplo para todos nosotros.
Me viene a la cabeza en este preciso momento Antonio Gutiérrez el que le terminó expulsando del sindicato con sus vidas tan asimétricas, uno lleno de glamur, otro, obrero de alma y tronío como diría el poeta. Miren donde termino Marcelino su vida y miren donde va a terminar Antonio, el delfín que se convirtió en piraña.
Yo no sé si existirá el cielo católico, ortodoxo o musulmán, no sé tan siquiera si existirá uno, dos, o tres pero lo que si estoy seguro que Marcelino irá al cielo de los justos, donde se encontrará con otros como él, compañeros de lucha como Zapico o los ABOGADOS DE ATOCHA o Dolores Ibárruri camarada del Partido Comunista. En ese cielo no tendrán cabida ni los Franco ni los Pinochet, ni en un futuro, los Felipe González o los Botín (no es que compare a estos con aquellos) afortunadamente. También creo que si en ese cielo al que va existiera explotación e injusticias no tengo ninguna duda que Marcelino, el bueno de Marcelino, fundaría las COMISIONES CELESTIALES para combatir cualquier injusticia que se produjera contra el “hombre” por el que tanto se dejó la vida y su salud.

Gracias Marcelino por tu ejemplo.

"Ni nos doblaron, ni nos doblegaron, ni nos van a domesticar"



2 comentarios:

  1. El sistema capitalista, a traves de sus instrumentos políticos y mediáticos, ha tenido especial cuidado en presentarnos a un Marcelino Camacho más político que sindical. Más luchador antifranquista por la libertad que sindicalista que luchaba por la clase obrera. Un Marcelino Camacho condenado a la cárcel por Franco más que un Marcelino Cámacho rebelándose frente al patrón. Nos lo presentan como un comunista al que el capitalismo pulverizó hace 20 años más que como un sindicalista de verdad, de los que le decian cuatro cosas claras al capitalista. En definitiva para el capitalismo Marcelino Camacho es una reliquia histórica que dejó de tener influencia hace más de 20 años y que hoy, tras su muerte, se le reconoce su lucha por la libertad mucho más que su lucha obrera contra los opresores.

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  2. perfecto comentario y otro interesante puento de vista.

    gracias por ilustrarnos

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