domingo, 24 de octubre de 2010

PALABRAS



Diariamente no sabemos exactamente el número de palabras que podremos oír o leer que emanan de diferentes fuentes como pudieran ser los medios de comunicación o directamente por nuestros amigos u otras personas que ocupan posiciones cercanas a las nuestras. Palabras de todo tipo, bonitas, destructoras o mal intencionadas que pretende a los que las escuchamos predisponernos para hacernos cambiar de opinión o tener una determinada reacción ante los múltiples hechos que suceden en la vida diaria y que la mayoría de los casos, no tenemos una posición personal concreta perteneciendo a esa horquilla de “no sabe no contesta” por simple comodidad en la que nos instalamos dabido al hartazgo al que nos hacen llegar con tanta mediocridad.
La palabra sea oída o escrita, como hemos dicho antes, es algo tan importante en nuestro ecosistema social que hace tiempo alguien ha hecho negocio con ello creando agencias que diseñan estados de opinión tan efectivos que se asemejan bastante a los nuevos medicamentos actuando allí donde se produce exclusivamente el dolor o la enfermedad. Así tenemos frases que edulcoran asesinatos en masa como “daños colaterales” o “ayuda humanitaria” cuando la tozuda realidad es, ocupación militar. Este nuevo rediseño de la semántica está en la frontera de lo que es cierto y lo que es falso, o lo que es mentira o verdad y en ese terreno “pegado a la línea” es donde jugamos nosotros, la masa, unos en contra o a favor con discursos encendidos en defensa de las posiciones personales propias antes manipuladas por otros. Es tan estrecho ese margen que podremos llegar a compartir posiciones de nuestros adversario o entrando en contradicciones insalvables.
Decía un político de tiempo de la República Española, “frente a la poesía que destruye, la poesía que promete”, ahora que no tenemos tiempo para poesía por las diversas contaminaciones externas que sufrimos los seres humanos de nuestro tiempo y por los ritmos endiablados que nos han impuestos las relaciones laborales, lo cambio, con permiso de su creador, por “frente a la prosa que destruye, la poesía que nos da esperanza” y que está más acorde con los tiempos modernos (siempre son más modernos que los de ayer mismo) que nos envuelven.
En la imagen tenemos un set de lavado bucal, donde aparece el típico vaso, con su crema y con un nuevo cepillo que se idéntico a lo que ustedes están pensado y que tarde o temprano tendremos que usar debido sobre todo a lo que sale de nuestras pestilentes bocas. Es cuestión de tiempo.

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