jueves, 9 de septiembre de 2010

la patria en bicicleta


Tenía un compañero en CCOO, amante del ciclismo independientemente de su disciplina, que siempre nos recordaba que el socialismo llegaría en bicicleta, pero viendo como este socialismo de nuevo cuño se las maneja con el capital, en el que se encuentra tan a gusto, pienso que el socialismo está llegando encima de una babosa, no solo por lo lento y lo desesperante de su tardanza, sino también por el rastro de mala baba que está dejando en ese reguero viscoso y repulsivo que está dejando en su avance a ese futuro sin futuro a los trabajadores.
Pues bien no solo en la bicicleta se dan pedales o se sufren caminos tortuosos u horizontales, en los llanos después de “nosecuantos” kilómetros también hay tiempos para la filosofía. En uno de esos descansos emocionales, a la vista de una bandera patria que ahora nos ha dado por poner por esto del mundial, surgió lo de hablar de la patria y todas esas cosas que desde mi punto de vista son sandeces. Uno de los “biciclistas” envidaba al imperio norteamericano porque en cada casa unifamiliar ondeaba al viento las barras y estrellas con total orgullo, el otro se lamentaba que ahora que ha pasado el mundial la mayoría de los españoles habían retirado de sus balcones y ventanas por miedo a la acusación de “fachas” y luego quedo yo con mis análisis que he de reconocer que me gusta ser crítico con todos ellos y sacarles de sus casillas porque si no se me suben a las barbas y no hay quien los aguante. Les recuerdo que vivo en la zona oeste de la Comunidad de Madrid donde nos nacionales entraron en 1937 y todavía no se han marchado, siendo curioso como los ciudadanos se agrupan en ciudades ideológicamente (o es esto o es que estamos rodeados) menos el caso especifico como el mío que caí aquí por el precio de la vivienda.
Pues ante esta tristeza de mis compañeros por sus sin sabores patrios, aporte mi granito de arena al debate con varias consideraciones. Al primero de ellos le dije que prefiero que España sea como es a parecernos a los americanos con sus cantidad de memeces que tienen y con la dualidad emocional que la mayoría de ellos nos trasmiten, como por ejemplo hablar permanentemente de Dios y después portar armas convirtiéndose en una sociedad muy violenta donde los derechos humanos brillan por su ausencia. En cuanto a la bandera y las lamentaciones de mi gran amigo bicicletero intente por todos los medios hacerle entender que esos colores, rojos y gualdas, se habían convertido en una bandera futbolera y nada más, sin connotaciones patrias y que si yo tuviera que elegir me quedaría con la tricolor que es la que va y combina con todo. Para amenizar aun más la conversación y antes de que se nos viniera encima la siguiente cuesta le dije a los dos que si su patria de la que me están hablando es la misma que la, por ejemplo, de Fernando Alonso el cual chulea de bandera la cual luce con orgullo pero que después paga sus impuestos en Suiza para que sus ciudadanos gocen de buenos servicios públicos como la sanidad, carreteras, educación y un largo etcétera de ellos, en detrimento de los nuestros. En este momento vi miradas amenazadoras y un poco desconcertantes en mis dos compañeros ya que hablar de Fernando Alonso, ese gran icono del deporte de aquí, es mentar a la bicha. No contento con eso quise rematar la faena con un buena entrada a matar y zanjar el tema de una vez, diciéndoles que yo, o sea yo, tengo más cosas que común con el obrero francés, italiano, sueco, marroquí, moldavo que con el empresario español, el cual, y como todo el mundo sabe ha “nació pa robar”.
En ese preciso momento todo se terminó rodeado de un ambiente gélido entre nosotros que duró hasta el final del trayecto y ya entrando a mi casa, donde el que quedo, se atrevió a sacarme el tema de la huelga general que se avecina diciendo me que era un tontería, y claro está yo le dije que no, ya que a González en su tiempo le hicimos una los trabajadores entre aplausos y apoyos del empresariado el cual cerró sus empresas para aportar sus granito de arena en el desgaste, muy parecidas, que no iguales, a las de Venezuela de Hugo Chávez.
Adiós hasta mañana, ese fue nuestro cruce de palabras para la despedida.
Ustedes no saben lo que yo sufro, no solo por dar pedales, sino también por escuchar ciertas cosas a las que no me acostumbro jamás y a las que critico con dureza en este mundo hostil que los rojos tenemos muchas veces que aguantar.

PD. Tengo un vecino tan facha, tan facha, tan facha que se ha comprado un perro (no sé de qué marca) que le ha puesto de nombre Franco, ustedes se imaginan un cachorrito tan bonito, que a todos los niños y madres les encanta llamándole permanentemente Franco. Así que ahora estamos todo los días escuchando, que si Franco por aquí o Franco por allá pareciendo que no se escandaliza nadie por este nombre. Yo me lo he tomado con filosofía, de entrada el perro me cae que una patada en la entrepierna por el dichoso nombre, pero no hay nada como comparar a Franco con un perro y ponerle el nombre, en su recuerdo, al cachorro, aunque mejor hubiera sido ponérselo a un cerdo.

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