martes, 22 de junio de 2010

LA DISYUNTIVA DE ANTONIO GUTIERREZ



Que mal lo debe de estar pasando este hombre, de secretario general de CCOO a diputado y presidente de la comisión de economía del congreso por el PSOE. Y lo digo fundamentalmente porque con menos él convocó una huelga general al gobierno de turno y sus discursos fueron duros contra los cambios que se avecinaban y que el sindicato no estaba por la labor de que recayeran en las espaldas de los trabajadores.
Hoy le he oído en la SER un poco triste y taciturno dadas las medidas que contra todos nosotros ha tomado el gobierno que apoya y al que ha criticado con la boca chica esta mañana, pero todavía no sé que le resulta raro dado que cuando uno se mete en las fauces del PSOE puede un día apoyar la emancipación de la rana del Valle del Tiétar y otro la construcción de un hotel de lujo en el mismo lugar, dependiendo de si gobiernan o no. Y todo esto viene dado porque El País ha publicado un artículo reconociendo lo que todo el mundo sabe, que con esta reforma se ha abaratado el despido de todas las maneras posibles y que la crisis la tenemos que pagar los que no nos hemos llevado los beneficios de las vacas gordas. Ha insistido el entrevistador preguntándoles por su voto en el congreso, si a favor o en contra de estas medidas que él critica y al principio le he entendido muy bien de que su posición va a ser aquella que le dicte su conciencia y principios por los que ha luchado toda la vida, o sea que su voto va a ser no, eso creo, pero luego se ha liado con que el gobierno que tenemos es el mejor posible, que apoyara siempre al gobierno, que si tal y que si pascual, dando a entender que su voto va a ser sí. Ya nos sacarán de dudas los medios de comunicación, pero algo me dice que no va a ocurrir nada que no esté previsto de ante mano.
Mi resumen podríamos simplificarlo en esto; están muy bien los principios pero ser diputado está mejor dado los grandes privilegios que tenemos con respecto al resto de los mortales. Así de simple, así de escueto y así de fácil ya que seguir comiendo es lícito.
En mi etapa de sindicalista en CCOO he tenido grandes esperanzas en este hombre ya que le he visto en un futuro liderando algo importante a la izquierda del PSOE, tiene unas buenísimas cualidades para ello, cuando salió de la dirección de CCOO. En los tiempos actuales también he tenido ciertos devaneos viéndole también, otra vez, liderar algo así como La Izquierda en Alemania de la mano de sindicalistas, militantes desencantados de la derechización del PSOE y gran parte de IU. Ya lo sé no me lo recuerden, esto es España y no Alemania y no es extrapolable lo de allí aquí principalmente porque aquellos ven la política de otra manera y aquí como algo para vivir bien toda la vida y “amasar” lo que se tercie, pero uno tiene su corazoncito acompañado de múltiples esperanzas y deseos, todo no está perdido y hasta el rabo todo es toro e intuyo que de esta crisis va a salir otra cosa distinta a la que tenemos, solo espero que para mejor.
Les dejo su artículo de opinión con el permiso de El País, del grupo PRISA, de la cadena SER, del DIGITAL +, de CINCO DÍAS con la sana intención que ustedes lo lean y lo analicen, prometiéndole a Polanco JR que no tengo ninguna intención de lucro por la publicación del mismo en mi insignificante blog.


TRIBUNA: Las consecuencias del ajuste económico ANTONIO GUTIÉRREZ VEGARA
Será más fácil despedir que flexibilizar

ANTONIO GUTIÉRREZ VEGARA EL PAIS 22/06/2010

En cuanto asoman las crisis proliferan más las ocurrencias que las ideas. Recurrentes ocurrencias sobre nuevas reformas laborales que lo único que renuevan, con contumacia, es la degradación del trabajo. Porque, como la energía en el primer principio de la termodinámica, el empleo ni se crea ni se destruye con las normas laborales, si acaso inducen su transformación y si es para hacerlo más endeble, facilitarán también su precaria creación en épocas de bonanza y su masiva destrucción a las primeras de cambio (del ciclo económico).
El borrador de reforma era equilibrado; el decreto aprobado es un desaguisado que abarata todos los despidos
La organización del trabajo en una economía es el corolario de su estructura productiva y no al revés. El fordismo no surgió en la agricultura norteamericana durante su expansión al Oeste sino en las fábricas de automóviles y a raíz de que Henry Ford decidiera fabricarlos en serie.
A su vez, la inversión productiva es la que genera los empleos adecuados a los bienes y/o servicios que se vayan a producir y los demanda en la cantidad necesaria para optimizar el capital invertido. Una industria tecnológica requerirá empleos cualificados y una subcontrata de construcción sería ruinosa si nutriese su plantilla a base de arquitectos. La primera mantendrá a sus técnicos por bastante tiempo, porque los desarrollos de su producción necesitarán un buen periodo hasta abrirse hueco en el mercado; la segunda ocupará al grueso de sus empleados mientras dure la obra. Posiblemente esta obtendrá beneficios más rápidamente que aquélla, pero la productividad por hora trabajada, la generación de valor añadido, la competitividad en los mercados nacional e internacional y los mayores beneficios a la postre, aunque se hagan esperar un poco más, serán más plausibles en la industria que en la subcontrata; y contribuirá a la generación de riqueza en el país, más solvente y más sostenible en todos los órdenes.
La confusión entre ganar competitividad en un mundo cambiante y acumular beneficios abundantes, con la mínima inversión y en poco tiempo, como manda la más pura tradición del capitalismo español, ha latido siempre tras las innumerables reformas laborales habidas desde antes incluso de aprobarse el Estatuto de los Trabajadores. En su reforma parcial -y brutal- de 1985 se consagraron hasta ¡16! modalidades de contratación temporal aunque las tareas a desarrollar fueran permanentes. "Los empleos temporales de hoy serán los fijos de mañana", nos espetó el presidente del Gobierno de entonces a cuantos osamos advertirle del destrozo en el mercado laboral que iba a comportar su reforma sustituyendo fijos por eventuales.
En apenas tres años pasamos de tener una tasa de temporalidad del 13% al 30% y en esa dualidad seguimos veinticinco años después. Y no porque se dejaran de hacer reformas, sino precisamente porque se han hecho muchas más al menor bache de la economía pero siempre con el mismo interés de abaratar el factor trabajo como vía principal para recomponer la tasa de beneficio. Reformas, paradójicamente, para mantener el mismo patrón de crecimiento y competitividad. Eso sí es alimentar el inmovilismo frente a la globalización.
Al menos fueron tres los momentos decisivos para modernizar la estructura productiva de nuestro país que se desaprovecharon con otras tantas reformas lampedusianas: a principios de los ochenta con la impropiamente llamada reconversión industrial; al ingreso en las Comunidades Europeas, "preparada" con la precarización laboral de 1985; en la fase de convergencia hacia la Unión Monetaria con Gobiernos del PP que cebaron la burbuja inmobiliaria y arruinaron la reforma pactada en el 97 entre patronal y sindicatos para conjugar, por primera y única vez, flexibilidad y estabilidad laboral. Ahora puede anotarse el cuarto, cuando el inteligente e inapelable empeño del Gobierno socialista de alentar la Economía Sostenible está a punto de abortarse con la reforma aprobada en su Consejo de Ministros el 16 de junio.
Inexplicablemente, el proyecto de reforma sufrió una metamorfosis asombrosa entre el primer borrador, más equilibrado, del viernes 11, y el decreto aprobado tres días después, quedando un desaguisado que abarata todos los despidos, que subvencionados podrán saldarse con 12 días de indemnización para los objetivos y los facilitará con tan solo alegar "situación económica negativa" de la empresa, sin que haya incurrido en pérdidas y sin necesidad siquiera de aportar acreditaciones fehacientes; limitando al mismo tiempo a los jueces a basarse en la "mínima razonabilidad" para que tengan que sentenciar con manga ancha a favor del empresario.
Sin embargo, puede costar 20 días por año trabajado y hasta nueve mensualidades indemnizar a un trabajador si se despide al reorganizar el trabajo en la empresa para adaptarlo con más flexibilidad a nuevas circunstancias de la producción. Algunos cambios de última hora trastocarán la negociación colectiva en lugar de racionalizarla y otros apenas servirán para reducir la temporalidad.
Jalear a un gobernante con los tópicos sobre la estatura política para que impongan medidas difíciles aunque sean duras suele ser una argucia embaucadora, acuñada por las derechas para confundir a Gobiernos de izquierdas, que no pocas veces se la han tragado. Lo difícil es gobernar con justicia, lo fácil es hacerlo injustamente; y es comprensible que no queriendo admitir que se es injusto se utilice el eufemismo de la dureza. Duro es decirle a ciertos grupos de presión que ya no puede ni debe esperarse que el Gobierno de un país avanzado ampare y subvencione viejas formas de producir por mucho que ganen algunos con ellas a costa del empleo y del progreso industrial del país; difícil es encauzar el emplazamiento a empresarios y trabajadores para mirar de frente al futuro que hace más de un decenio que está pasando por delante de nuestras narices.
Antonio Gutiérrez es diputado del PSOE, presidente de la Comisión de Economía del Congreso y ex secretario general de Comisiones Obreras.

4 comentarios:

  1. fernando (sevilla)22 de junio de 2010, 20:23

    A mi la sensación que me da es que los sindicatos se han alejado de la base social en la que se movían y siguen anclados en la defensa de los interes de unos trabajadores que ya no son tanta mayoría: funcionarios y trabajadores fijos (de grandes empresas o contratos muy antiguos), abandonando a su suerte a los contratos indefinidos de las reformas: contratos de fomento de la contratación indefinida (sean de la reforma de 1998, 2001, 2006 y ésta).

    Cabría mirarse un poco al espejo o plantearse qué se entiende por estabilidad en el empleo. Porque esto va en un camino en el que el retorno es complicado y la adaptabilidad se hace necesaria, sobre todo en los sindicatos. Ya no es que el trabajo, el empleo o lo que quieras llamar sea estable, sino que la estabilidad se base en que se si se pierde un trabajador pierde un empleo, que lo recupere o encuentre otro lo antes posible, a través de politicas de empleo, de formación y de reisenrción eficaces.

    Se mira con envidia el modelo austriaco, danés, nórdico, y no se coge el toro por los cuernos y se plantan las bases para aplicarlo realmente.

    Es una crítica a sindicatos, que como he dicho antes se ha alejado de una gran masa de trabajadores "precarios" por las reformas que han firmado (o se le han impuesto como ésta), y a patronal que está alejada de las necesidades de pymes y autonomos, que precisamente son la base de la economía española.

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  2. Que los sindicatos se alejen de sus bases es ni mas ni menos que los trabajadores en su egoismo han abandonado a los sindicatos. Para ser sincero, este pais es un pais de egoistas, arribistas, ladrones y envidisos y con esta materia prima poco pueden hacer los sindicatos que tambien se nutren de esta maraña. Si en los sindicatos no se encuentra la izquierda dime tu donde lo vas a encontrar.
    No corpato lo que dices de los mismo con respecto a su defensa de los trabajadores fijos o funcionarios, cuando se habla de empleo, de estabilidad, de dignidad de los trabajadores se refieren a todos, no solo a una parte.
    Y por ultimo menos politicas de empleo, cursos de formacion y toda esa perdida de recursos, lo que se tiene que hacer es planificar la economia, nacionalizacion de las empresas estrategicas y tal vez, control de precios y dejemosno ya de tanta panplina de estrategas del empleo, yacimientos de empleo y todas estas tonterias que solo sirven para justificar un monton de salarios.

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  3. Eso de echarle la culpa a los trabajadores suena a troskista de vieja escuela. Probablemente los trabajadores han abandonado a los sindicatos que fueron de clase (CCOO, lo de UGT no ha tenido nombre nunca), pero el egoísmo, el arribismo, la falta de concienciación, el pasotismo de todo lo que no sea el fútbol ha sido fomentado desde CCOO una vez que se convirtió en un sindicato de servicios sin más y sólo para sus afiliados. Aquello de socio-político quedó en el olvido, gracias, y de manera destacada, al hoy diputado del PSOE señor Gutiérrez Vegara. Me parece que ninguno de los dos (fernando y lecorbusier) trabaja en las Administraciones públicas, porque si no no dirían que CCOO defiende los intereses de los funcionarios (empleados públicos, dicen en su Federación de Servicios a la ciudadanía, que el nombre actual es cursi de cojones). Tras los 37 años que estuve en CCOO (31 de ellos en la Administración General del Estado) he llegado a la conclusión de que la desideologización sumada al embelesamiento por este falso sistema democrático (los sindicatos somos cogestores necesarios del Estado, llegan a decir y a creerse) ha calado tanto en los cuadros medios y dirigentes de CCOO que el proceso de descomposición ha sido algo natural, lógico, muy rápido, necesario incluso.

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  4. puedo hasta darte la razon por todo lo que dices, es cierto lo de CCOO la cual termino con marcelino camacho y luego se convirtio en eso, en un sindicato de servicios. Yo he militado en el, y concretamente en la federacion que tu dices y en mi empresa si se mejoraron enormermente las condiciones de todos sus trabajadores ya que tienes que estar conmigo que las secciones sindicales son en parte distintas a sus federaciones. Ahora debido a las cosas de la vida o de la politica milito en la intersindica en el sindicato de las administradiones publicas el cual esta en construccion y lo hago con ilusion.
    La perdida de la columna vertebral de la ideologia, en este caso comunistas de ccoo, fue su finiquitacion y con esto no diga nada de correas de transmisiones ni nada de eso, pero deberia de ser un sindicato de tendencia comunista.
    un abrazo

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