jueves, 15 de abril de 2010

VIAJE AL NORTE


….a pesar del cansancio acumulado después de hacer 723 kilómetros llegamos a la casa que mi amigo Antonio nos ha dejado para este fin de semana cerca de Hondarribia. En el viaje hemos comprobado cómo van cambiando los paisajes pasando del seco y llano de La Mancha, al caótico tráfico de Madrid y como último paso, las montañas verde intenso del País Vasco, donde el tiempo discurre de una manera pausada. Estiramos las piernas al salir del coche y ya recibimos la primera bocanada de aire fresco y puro que el mar empuja. Abrimos la puerta de este magnífico caserón distante de todos los sitios. La casa esta fría y los muebles al tocarlos se les nota el abandono de meses sin uso pero que gracias a Antonio alguien cercano del lugar, los ha limpiado para nuestra visita. He de reconocer que el sitio tiene mucho encanto para olvidarse de todo acompañado de la mujer de mis sueños. Metemos las maletas y sin pausa me dirijo al un cobertizo que hay cercano para traer los primeros troncos de leña para encender el fuego y hacer de este lugar un sitio más confortable. La chimenea es imponente y está “vestida” por una mullida alfombra de pelo que a primera vista parece cálida. Por fin salen las primeras llamar cubiertas por un humo blanco y la cosa se empieza a animar, deshacemos rápidamente las maletas para hacer lo que más nos gusta, tumbarnos al lado del fuego con un par de cojines grandes y dos mantas para taparnos del frío que aún hace en el salón. Antes de esto he elegido en un viejo equipo de música un CD de El Mesías de Hendel que nos viene muy bien para hacer de esta tarde de otoño un día perfecto, dos copas de cristal y una botella de vino que he cogido de la cocina y que en una mirada rápida, parece bueno. Nos tumbamos a la vez que empiezan los primeros compases de esta maravillosa obra. Acto seguido nos abrazamos permaneciendo unos minutos en esta postura, la cual nos relaja y nos hace decirnos en silencio cuanto nos amamos. Si en algún sitio existe el paraíso, el lugar debe de ser este. Un beso que se enlaza con otro, unas caricias, los primeros sorbos de vino y la temperatura que empieza a subir invitan a quitarse la ropa y pasar gran parte de la tarde haciendo el amor. No quiero salir de aquí, solo existo para ella y el mundo que me rodea no me importa lo más mínimo, como si desaparece, no pienso apartar mi mirada de la mujer que amo y solo verla disfrutar es el mejor premio que puedo tener y que quiero tener…..

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