lunes, 22 de marzo de 2010

SUIZA: MUERE EN EL AEROPUERTO UN SOLICITANTE DE ASILO POLITICO, PERO EL PROBLEMA SIGUE SIENDO CUBA


“Suiza ha detenido todos los vuelos especiales para deportar a demandantes de asilo tras la muerte de un nigeriano de 29 años en el aeropuerto de Zúrich, donde iba a ser embarcado a la fuerza en una avión hacia Lagos junto a otros 15 nigerianos. El fallecido había iniciado varios días atrás una huelga de hambre para protestar por el “trato inhumano” recibido por la policía y frenar su deportación, después de que su solicitud de asilo fuese rechazada”

Pues así es como tratan a los “negros de mierda” el régimen suizo un país muy democrático al estilo de sus vecinos europeos y al gusto del mundo libre. Está noticia aparecía en pequeñito en el diario PÚBLICO el domingo sorprendiéndome de forma desagradable ya que la muerte de un ser humano es siempre un drama y una derrota de la humanidad, pero también es desagradable porque desde mi punto de vista, pone en duda a todos aquellos que se han rasgado las vestiduras con el asunto cubano ya que les importa un bledo la muerte de ORLANDO ZAPATA como las otras muertes producidas por el mundo en situaciones similares, como la de este nigeriano en un país tan alejado del nuestro como puede ser SUIZA. Pero sigo sin irme mas lejos, me quedo en el régimen de los borbones que tenemos en España ya que nosotros somos aliados sin fisuras, de otros países que eliminan sistemáticamente a gente inocente en AFGANISTÁN y nadie recoge firmas ni denuncia las barbaridades que allí se cometen contra los derechos humanos. Repito, le importa un bledo la muerte de los disidentes cubanos, como lo niños muertos por la OTAN en cualquier parte del globo, lo único que les preocupa es sus propio ego, y que en CUBA esté en marcha un socialismo de los de verdad, con múltiples problemas que se pueden solucionar pero desde un óptica totalmente distinta a la lógica capitalista y eso es lo que realmente les preocupa, nada más. Utilizan a los muertos para fines políticos como los norteamericanos utilizan a los cubanos en el exilio dejándolos pasearse libremente por MIAMI mientras a los HAITIANOS los disparan para que no lleguen a sus costas. Esperando estoy a los Savater, a las Maruja Torres y a tantos otros, que me digan donde tengo que firmar para condenar lo sucedido en SUIZA. El socialismo cubano tiene deficiencias claro está, tienes problemas, tiene situaciones dramáticas pero es un buen camino para evitar las hambrunas producidas por el capital por medio mundo, para el reparto equitativo de todo lo que nos suministra en planeta y todo lo que generamos de manera colectiva al margen de todo los que nos promete la socialdemocracia y todo el coro de niños cantores que vitorean este sistema asesino que nos oprime sin contemplaciones intentándonos convencer que es la única vía posible para la humanidad. Aquí les dejo otro buen artículo del bueno de PASCUAL SERRANO entre otros, poniendo los puntos sobre las íes sobre el modelo cubano aparecido en el diario PÚBLICO como no podría ser de otra manera.

CUBA PARA LA REFLEXIÓN

SANTIAGO ALBA RICO, CARLOS FERNÁNDEZ LIRIA, BELÉN GOPEGUI Y PASCUAL SERRANO

Estos son tiempos para la reflexión en economía. Tras algunas décadas de predominio neoliberal patrocinado por la escuela de Chicago, la economía mundial se encuentra frente a una crisis de consecuencias imprevisibles, pero en cualquier caso gravísimas. Lo mínimo que se podría pedir al espíritu científico es cambiar los paradigmas, invertir las evidencias, reaccionar, en suma, ante esta bancarrota intelectual que impidió diagnosticar y prever la catástrofe que se avecinaba. ¿Es eso lo que se está haciendo?
Hemos conocido distintas versiones más o menos destructivas del capitalismo, lo mismo que del socialismo. Pero, respecto a la lógica interna que distingue a uno del otro, hay algo que debería hoy interesarnos vivamente. El socialismo puede dejar de crecer, el capitalismo no. El socialismo puede ralentizar la marcha, el capitalismo no.
Pensemos en el ejemplo de Cuba. Al hundirse la URSS, Cuba perdió repentinamente el 85% de su comercio exterior. Su producto interior bruto decreció nada menos que un 33% en términos absolutos. Uno puede hacerse una idea de la catástrofe si se piensa que en Europa nos echamos a temblar ante la perspectiva de perder un punto en el crecimiento previsto. Y a ello se unió un endurecimiento del bloqueo estadounidense. Sin embargo, la gente no murió de hambre en Cuba, no perdió sus zapatos, ni su educación, ni su seguridad social, ni tampoco su dignidad. Lo pasaron muy mal, pero no se enfrentaron al fin del mundo como habría ocurrido con semejantes indicadores en los países capitalistas.
En medio de la actual sacudida, cuando el capitalismo destruye cuerpos en África y puestos de trabajo en España, cuando erosiona sin remedio las condiciones de habitabilidad del hogar humano, cuando para ello tiene al mismo tiempo que recurrir al lubricante de las mafias, al estímulo de los integrismos religiosos, a la restricción de los derechos laborales y al recorte de las libertades, en ese momento, todas las miradas se dirigen, en efecto, hacia Cuba… pero para condenarla y hostigarla. ¿Por qué? ¿Qué pasa allí? ¿El récord de muertos en un solo día? En México. ¿El de sindicalistas y periodistas asesinados? En Colombia. ¿El de pogromos racistas contra inmigrantes? En Italia. ¿Homofobia? En Polonia. ¿Xenofobia institucionalizada y leyes raciales? En Israel. ¿Fanatismo religioso y machismo criminal? En Arabia Saudí. ¿Control de las comunicaciones, suspensión del habeas corpus, tortura, secuestros, asesinatos de civiles? En EEUU. ¿Malos tratos a detenidos, periodistas e intelectuales procesados, periódicos cerrados, corrupción galopante, inmigrantes en centros de internamiento? En España.
Bien, aceptemos que, en este cuadro dantesco, Cuba es apenas un “mal menor”. El que desde Europa y desde España se preste tanta atención negativa al país con menos problemas del planeta –como ha hecho el diputado Luis Yáñez (Público,
9-1-10)– demuestra de sobra, en todo caso, que no es lo malo de Cuba lo que se censura, sino lo que en Cuba se opone a esta lógica dantesca y a sus efectos; es decir, lo que tiene precisamente de bueno.
Los economistas Jacques Bidet y Gérard Duménil recuerdan que lo que salvó al capitalismo en las primeras décadas del siglo pasado fue la organización; es decir, la misma planificación que los liberales identifican horrorizados con el socialismo. Gobiernos e instituciones planificaron sin parar, como siguen planificando ahora, aunque lo hicieron para conservar y aumentar los beneficios y no para conservar la vida y aumentar el bienestar humano. Pero la planificación es ya, como quería Marx, un hecho. Basta sólo cambiarla de signo. En los últimos 60 años, la minoría organizada que gestiona el capitalismo global se ha visto apoyada, a una escala sin precedentes, por toda una serie de instituciones internacionales (el FMI, el Banco Mundial, la OMC, el G-8, el G-20 etc.) que han concebido en libertad, y aplicado contra todos los obstáculos, políticas de liberalización y privatización de la economía mundial. El resultado salta a la vista.
¿Y si planificásemos al revés? ¿Y si prestásemos un poco de atención positiva a Cuba? Esto no lo hemos probado aún, pero lo que intuimos en la actualidad es más bien esperanzador: a partir de una historia semejante de colonialismo y subdesarrollo, el socialismo ha hecho mucho más por Cuba que el capitalismo por Haití o el Congo. ¿Qué pasaría si la ONU decidiese aplicar su carta de DDHH y de Derechos Sociales? ¿Si la FAO la dirigiese un socialista cubano? ¿Si el modelo de intercambio comercial fuera el ALBA y no la OMC? ¿Si el Banco del Sur fuese tan potente como el FMI? ¿Si todas las instituciones internacionales impusiesen a los díscolos capitalistas programas de ajuste estructural orientados a aumentar el gasto público, nacionalizar los recursos básicos y proteger los derechos sociales y laborales? ¿Si seis bancos centrales de Estados poderosos interviniesen masivamente para garantizar las ventajas del socialismo, amenazadas por un huracán?
Podemos decir que la minoría organizada que gestiona el capitalismo no lo permitirá, pero no podemos decir que no funcionaría. Según una reciente encuesta de GlobeSpan, la mayoría que lo padece (hasta un 74%) apuesta ya por otra cosa.
En su artículo, el diputado Yáñez decía amar a Cuba. Por eso, le deseaba lo mejor: incorporarse al capitalismo, justo cuando este ha demostrado su fracaso y su incompatibilidad, al mismo tiempo, con el bienestar humano y con la democracia, con la dignidad material y con el derecho. Nosotros no amamos a Cuba: respetamos a sus hombres y mujeres por lo que han hecho y por lo que siguen haciendo. Quizás a Yáñez le tranquilice pensar en Colombia o en Arabia Saudí. A nosotros nos tranquiliza pensar en Cuba, esa isla donde incluso los límites, los problemas, los errores de la revolución señalan inflexiblemente, desde hace 51 años, la posibilidad histórica de una superación del capitalismo y de una alternativa a la barbarie.

Santiago Alba Rico es escritor
Carlos Fernández Liria es profesor de Filosofía (UCM)
Belén Gopegui es escritora
Pascual Serrano es periodista

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