jueves, 11 de marzo de 2010

EL POEMA DEL ANGULO RECTO - A.1 MEDIO


Hay hombres que pueden sostener
algo así
también los animales
y quizá las plantas
Y sólo sobre esta tierra
que es nuestra
El sol señor de nuestas vidas
Lejos indiferente
Él es el visitante –un señor-
él entra en nuestra casa.
Poniéndose dice buenas tardes
A estos hongos (los árboles)
a estas charcas que hay por todas partes
(oh mares) y a nuestras arrugas
altaneras (Alpes, Andes y nuestros
Himalayas). Y las lámparas
se encienden.
Puntual máquina que gira
desde lo inmemorial él hace
nacer a cada instante de las
veinticuatro horas la gradación
el matiz imperceptible
dotándolas casi
de una medida. Pero la rompe
por dos veces brutalmente por la
mañana y por la tarde. El continuo
le pertenece pero
nos impone la alternativa –
la noche el día – los dos tiempos
que regulan nuestro destino:
Un sol sale
un sol se pone
un sol vuelve a salir

Cada mañana empieza a descontar el día, justo cuando nace muere, es nuestro despertador luminoso que llama con intensidad a nuestro mundo de los sueños, el nos dice que todo lo vivido en su descanso ha sido falso, producto de nuestros deseos todos ellos inconscientes, nace, todos los días, otra nueva oportunidad de afrontar la vida y también el futuro que dura hasta que se apaga su destello. Gracias a su presencia incandescente los colores inundan lo cotidiano encontrando la belleza que hay en cada rincón del planeta, en momentos efímeros de la naturaleza, lo necesitamos, lo adoramos en otras épocas, nunca nos ha fallado, siempre ha sido puntual a su horario natural que el nos ha impuesto y que nosotros aceptamos. Llega la noche, su contrapunto, llega la calma del descanso deseado, el mundo de lo no real que el con su nacimiento nos recuerda que todo eso no existe, que es producto de nuestros sueños. Deseo ese baño de luz que me recuerde que sigo vivo, que haga fluir la sangre por mis venas y que me permita observar la creación humana y su baño intenso de colores. Sin el no hay vida, si el se nos termina la esperanza, sin el agoniza la poesía, sin el no nos queda nada.

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